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19 nov 2008

La realidad de la calle.


En nuestra salida al Congreso, del día 4 de noviembre de 2008, tuvimos que viajar hasta Capital Federal y desgraciadamente vimos mucha gente viviendo en las calles. En la plaza ubicada frente a este, observamos gente viviendo en pésimas condiciones de vida; sin un techo y haciendo frente a situaciones insalubres. Gente que su única posesión material es algo de ropa y unos cartones cumpliendo la función de un colchón. Gente que con mucha suerte consigue saciar un poco de su hambre, revisando la basura o trabajando duramente para conseguir algunas monedas. Ese alimento que consiguen suele no ser suficiente ni de estar en las mejores condiciones, además de no cumplir con el aporte energético que estas personas necesitan para reponer la energía que consumen trabajando todo el día en estas condiciones. Ahora pensemos, desde nuestra postura en la sociedad que acciones hacemos para contribuir a la mejora de la calidad de vida de estas personas. Nos daremos cuenta rápidamente que no son muchas. También pensemos en que cosas hacemos, que directa o indirectamente, empeoran tanto la situación de emergencia de estas personas como la misma situación social que se da hoy en día. Finalmente estamos en condiciones de decir que la mayoría de las veces ni siquiera intentamos hacer lo que esta en nuestras manos para contribuir con los demás, y otras veces hacemos tan poco que no llegamos a cubrir lo que nosotros mismos hacemos. Preferimos no mirar, a tener que afrontar la cruel realidad de otros. Nosotros tenemos la suerte de gozar de una vida digna en plenitud, y también tenemos la responsabilidad de tratar de ayudar a cambiar esta situación. Muchas veces no valoramos lo que tenemos y hasta desaprovechamos oportunidades importantes.

17 nov 2008

Aumenta la cantidad de peronas que viven en la calle

Según un artículo periodístico reciente, la cantidad de personas que viven en la calle aumenta notablemente cada año. Esta situación se da con más frecuencia en ciertas zonas de la ciudad de Buenos Aires, según el artículo "Los mayores lugares de concentración de gente da en el centro porteño y en los barrios de Monserrat, Congreso, Once, Retiro y San Cristóbal". La nota aporta datos numéricos acerca de la información de estas personas, cuya situación es preocupante, por ejemplo se calcula que son alrededor de 1.029 personas (en la ciudad de Buenos Aires) de los cuales 747 son de sexo masculino, 124 femeninos y 158 cuyo sexo no fue determinado, ya que las cifras surgen por observación, por lo que muchas personas estaban durmiendo cubiertas con mantas. Además se calcularon las cifras en cuanto a las edades, por ejemplo 230 personas de 18 a 30 años, 441 personas de 31 a 55 años, 173 personas de 56 años o más y otras 185 las cuales no pudieron ser estimadas. Estos datos fueron recaudados por equipos de asistentes sociales y psicólogos del gobierno porteño. Y ya se están implementando programas para la integración de estas personas en el ámbito laboral, la cual no es una tarea fácil, pero tampoco imposible, y sumamente necesaria para cambiar la realidad de los que viven en la calle.

12 nov 2008

Con los brazos abiertos para los niños abandonados.




En la provincia de Córdoba, el padre Aguilera (un sacerdote de 68 años), hace 30 años creó la Casa del Niño. En este lugar hoy crecen, comen y sueñan unos 450 chicos abandonados.

Fue en el año 69 cuando los arroyos crecieron tanto que se llevaron los ranchitos de las orillas y mucha gente quedó en la calle. En medio de la desolación, el padre Aguilera descubrió las caras de tres chiquitos y una nena que lo miraban con la misma tristeza que al río: con un padre preso y una madre vaya uno a saber por dónde, el religioso no dudó y decidió alterar para siempre la tranquilidad de su inmaculada casa parroquial. Una señora del barrio lo ayudo a criarlos y luego fueron llegando los demas niños, mientras otros hombres y mujeres del barrio le brindaban su ayuda.

En el complejo hay 12 casas construidas en base a donaciones y con la mano de obra de los adolescentes que ya saben las artes de la albañilería. Aqui se enseñan oficios como: carpintería, soldadura, panadería, horticultura, plomería y demás otras salidas laborales para cuando llegue la hora de partir. No todos viven en esas construcciones: existen otras 54 casas que rodean a la aldea principal.

Creo que este padre es un hombre admirable ya que dice: "Yo sólo aspiro a que, así como Dios les dio, ellos den cuando deban hacerlo".

Deberiamos reflexionar y darnos cuenta que este hombre esta ayudando a muchos niños a poder tener una vida digna.

10 nov 2008

Despues del alta, los pacientes del Borda no tienen donde ir.


“Desde 1985 estoy en el Hospital Borda. En 1998 me dieron el alta. Pero al año siguiente mi papá falleció y me vino un bajón. Hace cinco o seis años que estoy en esta última internación. Tengo cuatro hermanas; una de ellas es mi curadora. Ella está tramitando mi egreso desde hace cinco años; pero los papeles y el trámite son muy costosos." El relato de un paciente del Pabellón Crónicos del Hospital Municipal José Borda es el fiel reflejo de una problemática social que afecta a más de 11 mil pacientes psiquiátricos internados en hospitales y clínicas públicos del país. Según la Unidad Coordinadora de Salud Mental del Ministerio de Salud de la Nación, en los centros de salud públicos de la Argentina hay unos 18.750 pacientes psiquiátricos internados. El 80 por ciento de ellos está allí hace un año o más. Y al menos el 60 por ciento de esos pacientes psiquiátricos continúan internados por razones sociales pasada la crisis que determinó el motivo original de la internación. Son muy pocas las internaciones que no tienen un motivo real. La gran mayoría son legítimas. Lo que sí es alarmante es la cantidad de personas que en condiciones de alta siguen viviendo en los hospitales porque carecen por completo de continente social y económico. Uno de los tipos de internados que presentan estas situaciones son los que fueron encontrados en la calle. Una vez que alcanzan el alta no tienen adónde ir porque carecen de casa y de familia. La mayoría de estos pacientes se hacen crónicos y se transforman en huéspedes eternos de los psiquiátricos, aun en detrimento de su propia salud mental. Forman parte del ejército de pacientes que pasan la mayor parte de su vida internados. Básicamente porque no poseen redes sociales ni lazos familiares, porque por lo general están desempleados y, además, no reciben del Estado ninguna alternativa o dispositivo de atención comunitaria de salud mental. Pero no alcanzan ni las buenas intenciones ni el trabajo de los profesionales, que opinan que los pacientes debieran vivir fuera de los hospitales. La razón es simple: lo que los especialistas consideran que está en déficit es una política general que conduzca a la inclusión social de las personas que padecen de algún tipo de sufrimiento mental. ¿Acaso estas personas no cuentan con el mismo derecho a una vida digna como cualquiera?